Brahms... pocas melodías hay, de los miles, millones, trillones de melodías que se han escrito o pensado en el mundo, que puedan competir en capacidad de transmitir emociones, en belleza, en humanidad, en embrujo, en sensibilidad... con las melodías compuestas por Johannes Brahms. Son depositarias de tanta entidad, tanto peso, que se abren paso sin necesidad de empujar, gritar o fingir. Se alzan, se elevan por su propia personalidad y se quedan ahí, convenciendo y enamorando con su sobriedad, con su infinita perfección.
De entre todas las numerosas melodías que compuso, hay una especialmente sobrecogedora. Es el tema del tercer movimiento de su tercera sinfonía. Estos días anda por ahí en la tele una y otra vez, ya que la han utilizado como música de la campaña de otoño de El corte inglés... bueno, pero no han tomado la música compuesta por Brahms, cuya hermosa melodía es completada por una armonización, orquestación, estructura formal... que están a la misma altura. No. Han utilizado una versión de
Jane Birkin que triunfó en las listas de éxitos allá por los (según mis adolescentes alumnos) remotos años ochenta del siglo XX, concretamente en 1983. Esta cantante se popularizó por tener una voz pequeña, infantil, que contrastaba con el erotismo y la provocación de sus interpretaciones. Así, la canción
Baby alone in Babylon toma esta frase de Brahms y en lugar de continuar, ya puestos, con la segunda melodía del movimiento, perfectamente equilibrada, consecuente y contrastante en su radiante modo mayor con la pesadumbre y desolación de la melodía principal... culmina con una nadería, una banalidad absoluta.
Los publicistas de El Corte Inglés, que no son tontos, tan sólo han utilizado para su campaña la parte de Brahms. No soy enemiga de las versiones, ni de la fusión, todo lo contrario. Pero cuando tienen algo que aportar, cuando ofrecen una nueva visión, cuando enriquecen o sacan a relucir aspectos nuevos que quedan oscurecidos u ocultos. Eso se produce en muchas ocasiones, y así la música revive, vive una nueva existencia. Creo que este no es el caso. Os invito a escuchar el
Tercer movimiento de la Terera Sinfonía de Brahms, Poco allegretto, en la interpretación de Rafael Kubelik al frente de la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara. Para que resuene en vuestros oídos la pura belleza en lugar de la pura ñoñería.