19 diciembre 2006

Idomeneo y el miedo

Otra vez volvemos a la ópera. A punto de terminar el año Mozart, la ópera de Berlín vuelve a estrenar el controvertido montaje de su ópera Idomeneo, re di Creta. Tan sólo hace unos meses fue retirada del cartel, en un acto de autocensura, a causa de que el director artístico, Hans Neuenfels, había incluido una escena en la que se veían las cabezas cortadas de Jesús, Buda, Mahoma y Poseidón. No es que en el libreto aparezca todo esto: la acción se desarrolla en Creta, justo después de la guerra de Troya (y a poca historia que sepáis, todos sabréis que tanto Jesús, como Buda y Mahoma son posteriores a dicho acontecimiento; Poseidón pertenece a la mitología griega, por lo que sí vendría a cuento.) La historia nos cuenta cómo Idomeneo, para librarse de una muerte segura, ofrece a los dioses el sacrificio de su propio hijo, cosa de la que se arrepiente de inmediato... Los dioses toman venganza, pero la historia termina bien (lieto fine de la época, ahora happy end).

Si escarbamos un poco, veremos que, en realidad, Hans Neuenfels no sólo ha tratado de conseguir popularidad y llamar la atención sobre su versión de esta ópera (como hacen tantos y tantos otros), sino que ha pretendido mostrarnos de un modo elocuente que Idomeneo trata de liberarse de la atadura a la que le someten sus propias creencias, y quiere simbolizarlo con las decapitadas cabezas de Poseidón (dios principal de la cultura micénica) y de las tres figuras históricas principales de las tres principales religiones monoteístas de la historia de la humanidad.
Después de la que se organizó a cuenta de las caricaturas de Mahoma, cualquiera tendría miedo. El miedo es lícito, pero la cobardía nunca ha logrado sacar de los humanos lo mejor de sí mismos, ni en el mundo del arte ni en ninguna otra faceta. Yo sé muy bien que no quiero otro 11-S. Ni tampoco otro 11-M. Me da miedo sólo recordarlos. Pero sé que tampoco quiero que los logros que tanto han costado a mi civilización, y que son lo mejor que tenemos, se desvanezcan por miedo.
El miedo retiró de los escenarios este montaje, y la lucha por la libertad de expresión lo devuelve al lugar del que nunca debió salir. ¿Por qué no permitir al público opinar? El público berlinés será lo suficientemente maduro como para entender la analogía, y sabrá decidir si esta puesta en escena le gusta o no... en el caso de que las autoridades sean lo bastante respetuosas con el arte como para permitir la representación. Los políticos, algunos políticos, prefieren la autocensura al respeto y prefieren dirigir los pensamientos antes que permitir la libertad. Y eso, en mi modesto entender, es una cobardía.
A la derecha tenéis fragmentos de textos que han sido censurados: internet también sufre la censura en muchos lugares. Yo hoy los puedo poner aquí, pero si damos marcha atrás en cosas tan aparentemente poco importantes como esta representación de una ópera de Mozart, quizá lo próximo será que los artistas dejen de crear, y que los oyentes no podamos elegir qué ver ni qué escuchar. Mozart fue muy valiente en muchos de sus planteamientos, se puede percibir en toda su obra: es una de sus grandezas.
Escuchadle sin miedo, y no dejéis que nadie piense por vosotros.

1 comentarios:

Tomás dijo...

Alguien dijo que solo el universo y la estupidez humana no tenían límite. ¡pues eso¡. Parece mentira que en pleno siglo XXI sigan pasando esas cosas. Seguimos estando secuestrados por el miedo.