17 marzo 2007

Macbeth

Castillo de Eilean Donen, Escocia. Fotografía de Extra Medium

Verdi siempre se sintió atraido, y con razón, por el teatro de Shakespeare. Dicen que una de las mayores frustraciones de su vida como compositor fue no componer una ópera sobre El rey Lear. Aunque puso música también a Otello y a Falstaff, Macbeth fue su primer acercamiento al genial dramaturgo y poeta inglés.

Macbeth fue compuesta en 1847 y revisada en 1865 para su estreno en París: le añadió cinco números, algunos especialmente meritorios como el aria La luce langue, y otros para agradar al público parisino, que como sabéis era tremendamente aficionado a la danza. La obra que habitualmente se representa es una mezcla de las dos versiones. Como siempre, y dado que era hombre de teatro, cuidó al máximo la puesta en escena y dejó minuciosas anotaciones sobre la expresión en la partitura.

Gracias a una carta que escribió cuando se estaba preparando la representación en Nápoles conocemos con detalle cómo concebía a Lady Macbeth, uno de sus personajes femeninos más imponentes, y al mismo tiempo bastante alejado de sus habituales heroínas. Lady Macbeth iba a ser interpretada por una de las cantantes italianas más aclamadas de la época, Eugenia Tadolini. La carta dice textualmente:

La Tadolini posee cualidades demasiado grandes para interpretar el papel. Quizás esto parezca un absurdo. La Tadolini tiene una hermosa figura y un aire de bondad, y yo quiero una lady Macbeth fea y mala. La Tadolini canta a la perfección y yo quiero una lady que no cante en absoluto. La Tadolini tiene una voz excelente, clara, límpida, potente, y yo quiero una lady con la voz áspera, sofocada, sombría. La voz de la Tadolini tiene algo angélico; la voz de lady Macbeth debería tener algo diabólico.
La soprano que estrenó Macbeth, Marianna Barbieri-Nini, era una mujer singularmente fea con una voz espléndida y grandes dotes interpretativas. Ella también nos ha dejado por escrito sus impresiones al trabajar en este estreno, y nos cuenta cómo preparó la escena culminante, la del sonambulismo:
Costará trabajo creerlo, pero la escena del sonambulismo significó para mí tres meses de estudio; durante tres meses busqué la manera de imitar, mañana y tarde, a los que hablan durmiendo, articulando palabras sin mover los labios (como decía Verdi), manteniendo inmóvil el rostro.


La historia es muy del gusto romántico, aunque Shakespeare no era especialmente apreciado en Italia y esta obra nunca se había representado allí. Durante los ensayos para su estreno, Verdi se convirtió en un auténtico tirano, haciendo que uno de los dúos, Fatal mia donna, fuera ensayado ¡151 veces!... No descartó nunca ninguna novedad escénica, y en esta obra recurrió por primera vez a la utilización de la linterna mágica, antecedente del cinematógrafo.

Se va a representar en el Teatro Circo de Albacete el próximo lunes 26 de marzo, y quedan entradas... no os perdáis esta historia de brujas proféticas, ambición sin límites, truculentos asesinatos y remordimientos espantosos en un ambiente escocés y espectral.


La luce langue está interpretada por Maria Callas
Una macchia... è qui tuttora!, por Mara Zampieri
Fatal mia donna, por Ghena Dimitrova y Piero Cappucilli