12 junio 2007

El carnaval de los animales, de Camille Saint-Säens (I)

Animal Planet. Fotografía de Juuleke


Una de las obras más interpretadas de Camille Saint-Säens es el Carnaval de los animales. Pero por aquello de las extrañas relaciones que a veces se establecen en el mundo de la música, (y que llevan a mis alumnos a estremecerse con la Toccata y fuga en re menor de Bach a fuerza de imaginar seres fantasmales y demoníacos), se entiende que se trata de una obra infantil. Esta obra es en realidad una sátira musical: su propio autor no quiso que se editara mientras él estuviera vivo, y por eso, a excepción del número dedicado al Cisne, sólo se escuchó en círculos reducidos de allegados.


Camille Saint-Säens fue un hombre con una vida larga y apasionante. No sólo se dedicó a la música (fue director de orquesta, crítico musical, compositor prolífico, organista y pianista virtuoso desde la infancia), sino que fue un verdadero prodigio en otras facetas tan dispares como la geología, la astronomía, las matemáticas, la botánica, la entomología, la filosofía... y también cuentan que fue un buen caricaturista. Tiene asimismo el honor de ser uno de los primeros compositores importantes que escribió música para cine. Debido a su larga vida, conoció personalmente a los compositores más importantes del romanticismo y también a las primeras figuras de las nuevas vanguardias. Tuvo una gran amistad con Liszt, y no tuvo reparos en atacar abiertamente a algunos compositores como Debussy... que aunque no apreciaba demasiado su música, reconocía que era uno de los mayores talentos musicales de su época. Asistió al polémico estreno de La Consagración de la Primavera, del que salió, como tantos otros, terriblemente enfadado ya que no comprendió las novedosas propuestas de Stravinski, especialmente en lo que se refiere a la orquestación. Por todo ello se tiende a clasificarlo como un compositor academicista y conservador, aunque para ser justos con él hay que saber que su obra es fruto de un profundo conocimiento de la técnica musical y de una capacidad de observación que le llevó a anticiparse a acontecimientos tan importantes para la música posterior como la desintegración de la tonalidad y la aportación de las músicas propias de culturas orientales en nuestra música occidental.

Tuvo un éxito enorme con su poema sinfónico La Danza Macabra, y ha pasado a la posteridad también gracias a su obra cumbre, el oratorio dramático Sansón y Dalila. Pero sin duda la obra que ha trascendido al gran público es su Gran Fantasía Zoológica llamada El carnaval de los animales, formado por catorce números todos ellos muy breves, en cierto modo descriptivos, de carácter satírico algunos de ellos, y que os traigo en forma de sucesivas entregas. La orquestación es bastante inusual, pero muy efectiva: dos pianos, dos violines, una viola, un violoncello, un contrabajo, una flauta, un clarinete, un acordeón y un xilófono.






Tras una solemne introducción en que los pianos hacen trémolos, trinos y arpegios, hace su aparición el rey de los animales, el león. Con el característico ritmo binario de la marcha, las cuerdas imitan el rugido del león a base de rápidas escalas cromáticas ascendentes y descendentes.





La interpretación es de la London Sinfonietta dirigida por Charles Dutoit, con Pascal Rogé y Cristina Ortiz en los pianos.

Las fotografías son de Flickr. Dado que son muchas, no he consignado las referencias. No obstante, si alguien prefiere que las retire o que haga mención expresa de su autoría, que no dude en contactar conmigo.



SÍ A LA MÚSICA

3 comentarios:

Eduardo Larequi dijo...

Ay qué recuerdos. El profe de música del colegio nos hizo escuchar esta pieza más de una vez.

Sin embargo, lo que a mí me gusta más de Saint-Säens (por cierto, te falta la "t" de su primer apellido en el título), es la Sinfonía 3 para órgano. Yo la tengo en una versión de Naxos, pero un amigo que la escuchó en vivo en Notre Dame de París me dijo que ponía los pelos de punta, literalmente.

Cuando estoy un poco depre, subo el volumen del PC al máximo, selecciono el cuarto movimiento, y me esfuerzo en imaginarme bajo el órgano de la catedral parisina. Seguro que hasta las gárgolas diabólicas de Viollet-le-Duc se emocionan.

Marian dijo...

En mi colegio no dábamos música, así que yo la descubrí tardíamente. A día de hoy, desde luego, es un clásico de las aulas de música de los coles, junto a Pedro y el lobo, la Guía de orquesta para jóvenes, la Pequeña Serenata de Mozart (hijo) y la Sinfonía de los Juguetes (ex-Haydn, Mozart padre). La he querido traer aquí para reivindicar la otra lectura, nada ñoña ni infantil, la genuinamente carnavalesca llena de farsa e ironía.
Desde luego que emociona imaginarse bajo el órgano de la catedral de París, escuchando a Saint-Säens (gracias por la corrección), o a Franck... o a Bach mismo. ¡Pero sin turistas, por favor! Seguro que tu imaginación mejora la realidad ;)

Eduardo Larequi dijo...

Pues a veces la presencia de los turistas da lugar a fenómenos muy emocionantes.

El 31 de diciembre del pasado año asistí a una misa vespertina en Notre Dame de Paris, abarrotada de un público heterogéneo, en el que abundábamos los turistas.

La liturgia fue de una belleza estremecedora. Mucha gente lloraba de emoción, y a mí también se me caían las lágrimas. Una japonesa que había en el banco anterior al nuestro impresionaba por lo solemne de sus gestos: en vez de arrodillarse, se doblaba por la mitad en unas reverencias imposibles.

Cuando llegó el momento de darnos la paz, intercambié apretones de manos con un señor francés, unos mexicanos simpatiquísmos y gente de diversa procedencia. Pocas veces en mi vida me he sentido más cosmopolita y ciudadano del mundo.

Y la música de órgano ayudaba, vaya que sí.